DECIDE VIVIR

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Vive, porque cuando quieras empezar a hacerlo puede ser tarde.

La vida no nos avisa.


Vivimos como si el tiempo nos perteneciera. Hacemos planes, aplazamos encuentros, dejamos conversaciones para otro día y guardamos abrazos para cuando haya una ocasión mejor. Nos comportamos como si la vida tuviera la obligación de esperarnos.

 

Pero no es así.

 

La vida es extraordinariamente frágil. No pide permiso, no anuncia sus cambios ni nos garantiza que mañana tendremos la oportunidad de hacer aquello que hoy dejamos pendiente.

 

Y, sin embargo, nos pasamos buena parte de ella preocupados por cosas que, vistas desde cierta distancia, apenas tienen importancia. Nos enfadamos, discutimos, acumulamos resentimientos y olvidamos que lo verdaderamente valioso no está en lo que conseguimos, sino en lo que compartimos.

 

Quizá deberíamos aprender a vivir con menos prisa por llegar y con más intención de estar. A decir lo que sentimos, a disfrutar de las personas, a perdonar antes, a abrazar más y a no dar por sentado que quienes forman parte de nuestra vida estarán siempre ahí.

 

Porque al final, lo que permanece no son los días que hemos vivido, sino las huellas que hemos dejado en los demás.

 

No podemos elegir cuánto tiempo estaremos aquí, pero sí podemos decidir qué hacemos con el tiempo que tenemos.

 

Que la vida no nos encuentre siempre esperando al momento perfecto para vivirla.

 

Porque quizá el verdadero sentido de vivir no sea tener mucho tiempo, sino conseguir que el tiempo que tenemos esté lleno de vida.