Disciplina silenciosa

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La disciplina silenciosa: Lo que haces cuando nadie te obliga

La disciplina también se nota cuando nadie te obliga

 

En el artículo anterior hablábamos de la disciplina como una forma de no abandonarnos a nosotros mismos, pero hay otra dimensión que merece la pena explorar: 

 

La disciplina no solo determina lo que conseguimos, también determina cómo convivimos y cómo trabajamos con los demás.

 

Pensemos en una empresa.

 

Todos conocemos a personas con talento, inteligentes y llenas de buenas ideas que, sin embargo, no terminan de alcanzar sus objetivos. Del mismo modo, también conocemos a otras que, sin destacar especialmente al principio, se convierten en personas imprescindibles.

 

¿Qué las diferencia?

 

Muchas veces, la respuesta no está en su capacidad, sino en su constancia.

 

La disciplina profesional no consiste únicamente en llegar puntual, cumplir un horario o terminar una tarea, consiste en hacer lo que te corresponde aunque nadie te supervise, reconocer un error sin buscar excusas, cumplir los compromisos adquiridos y mantener la palabra dada.

 

Y hay algo todavía más importante: 

 

La disciplina también se refleja en nuestra forma de tratar a los demás.

 

-      En no responder con agresividad cuando estamos bajo presión. 

-      En escuchar antes de juzgar. 

-      En no descargar sobre un compañero la frustración de un mal día. 

-      En mantener el respeto incluso cuando discrepar resulta incómodo.

 

Porque podemos ser excelentes profesionales en lo técnico y, al mismo tiempo, dificultar el trabajo de quienes nos rodean.

 

Una organización no se construye solamente con talento, necesita personas capaces de gestionar sus impulsos, asumir responsabilidades y comprender que sus actos tienen consecuencias sobre el conjunto.

 

Por eso, la disciplina no debería confundirse con la obediencia ciega ni con la exigencia permanente. 

 

Una persona disciplinada no es la que nunca cuestiona, sino la que sabe comprometerse con un objetivo sin perder el criterio ni el respeto por los demás.

El talento puede abrirte una puerta, pero es tu manera de actuar cada día la que determina si los demás quieren volver a trabajar contigo.

 

Esto que decimos respecto a la disciplina enfocado a una empresa es extrapolable a una familia, una amistad o una relación de pareja.

 

Al final, la disciplina es una forma silenciosa de respeto: hacia uno mismo, hacia los compromisos adquiridos y hacia las personas que confían en nosotros.

 

¿Qué valoramos más en quienes nos rodean, lo que son capaces de hacer o la tranquilidad de saber que podemos contar con ellos?