Por qué nos cuesta estar solos

blog image
Sentirse sólo no es más que no haber aprendido a estar con uno mismo

¿Por qué nos cuesta tanto estar solos?

 

En una sociedad hiperconectada, donde estar ocupado y acompañado parece la norma, la soledad se ha convertido casi en una amenaza silenciosa. Muchas personas dicen querer tiempo para sí mismas, pero cuando lo tienen, aparece la incomodidad.

 

¿Por qué ocurre esto?

 

La soledad no es el problema… es el espejo.

 

Estar solo implica quedarte sin distracciones externas:

·      Sin conversaciones

·      Sin pantallas (o con menos estímulos significativos)

·      Sin roles que interpretar

 

Y en ese silencio aparece algo que muchas personas evitan: su propio mundo interno

 

Pensamientos, apegos, emociones no resueltas, dudas, inseguridades…

 

No es la soledad lo que incomoda, es lo que aparece cuando ya no puedes escapar de ti.

 

1. Falta de entrenamiento emocional

 

A la mayoría de las personas no se les ha enseñado a:

·    Observar lo que sienten, desde una perspectiva neutra, educativa, entendiendo que sentir es indicativo de necesidad de parar y prestar atención. Sentir es la conexión con necesidades internas, una llamada a quitar el piloto automático

·      Gestionar el malestar interno, cambiar el abrazo externo por el auto abrazo compasivo y educativo ese en el que te ocupas de ti desde tu propia seguridad, porque tus emociones son asunto tuyo.

·      Sostener emociones incómodas, desde un darse tiempo para comprender que lo que está pasando es una invitación formal al cambio, y todo cambio requiere de entendimiento. ¿Cómo vas a cambiar algo que no sostienes para poder entenderlo?

 

Por eso, todas estas personas cuando están solas no saben qué hacer con lo que sienten y buscan rápidamente una vía de escape en formas de redes sociales, trabajo excesivo, relaciones constantes o estados modificados que modelan la realidad para no sentir.

 

 

Una primera razón de todo esto está en la asociación hecha entre soledad y rechazo. 

Esto tiene una base evolutiva, la supervivencia estaba más asegurada si permanecíamos en grupo por lo que estar solo, sin  la tribu, era un activador del estado de alerta y peligro. Por otro lado nuestra naturaleza dependiente favorece esta asociación dado que solo sobrevive la cría que no es rechazada por la madre (primera unidad básica de conexión con el grupo).

 

A nivel profundo, el cerebro interpreta la soledad como:


                                               “no soy elegido” o “no soy importante”

 

Hoy ya no es así… pero el sistema emocional sigue reaccionando igual.

 

Otra razón es la identidad que hemos creado basada en lo externo

 

Muchas personas se definen por lo que hacen, lo que logran, cómo las perciben los demás y cuando están solas esa identidad se diluye y aparece una sensación de vacío:

                                    “¿Quién soy si no estoy haciendo nada?”

                                    “¿Qué valor tengo sin reconocimiento?”

 

Así que huir de sentirse solo se convierte en evitación del conflicto interno

 

Porque la soledad reduce el ruido y eso deja espacio, para preguntas incómodas:

·      ¿Estoy viviendo como quiero?

·      ¿Esta relación me hace bien?

·      ¿Por qué repito ciertos patrones?

 

Muchas personas prefieren no mirar eso, prefieren mantener el piloto automático y mantenerse ocupadas es una forma eficaz de evitarlo.

 

Por  último hay un factor que dificulta el proceso de cambio de perspectiva, la Hiperestimulación constante

 

Vivimos en un entorno donde el cerebro está acostumbrado a:

·      Dopamina rápida

·      Estímulos constantes

·      Distracción continua

 

La soledad, en comparación se siente “vacía” o incluso aburrida, pero no es vacío real sino falta de estimulación inmediata.

 

Entonces… ¿por qué es importante aprender a estar solo?

 

Porque la soledad bien gestionada no es aislamiento, es conexión.

 

Cuando una persona aprende a estar consigo misma:

·      Reduce la dependencia emocional

·      Toma decisiones más coherentes

·      Se conoce en profundidad

·      Deja de reaccionar por vacío

 

La soledad deja de ser amenaza y se convierte en recurso

 

 

Te dejo una práctica para empezar a reconciliarte con la soledad porque no se trata de aislarte, sino de entrenarte. 

 

1. Introduce micro-momentos de soledad

 

No empieces con horas, empieza con 10–15 minutos sin distracciones.

 

2. Observa sin intervenir

 

No intentes cambiar lo que sientes, solo observa: ¿Qué aparece?; ¿Qué pensamientos surgen?

 

3. Ponle nombre a lo que sientes

 

Nombrar reduce intensidad: “Esto es incomodidad”; “Esto es ansiedad”

 

4. Evita llenar el vacío automáticamente

 

Cuando aparezca la incomodidad no corras a taparla. ¡Ahí está el entrenamiento! Ninguna incomodidad dura toda eternamente.

 

5. Reencuadra la experiencia

 

No es “Estoy solo”___________________________es “Estoy conmigo”

 

 

 

Te dejo una reflexión final:

 

No te cuesta estar solo… te cuesta estar contigo mismo.

Y mientras eso no se trabaje, buscarás compañía no para compartir, sino para escapar.