La mentira es una estrategia de adaptación y supervivencia
¿Por qué mentimos… incluso cuando no queremos hacerlo?
Mentimos en el trabajo.
Mentimos con amigos.
Mentimos en pareja.
Y, lo más inquietante… también nos mentimos a nosotros mismos.
No hablamos solo de grandes engaños, hablamos de esos pequeños ajustes de la realidad que hacemos cada día:
· “No me pasa nada” (cuando sí pasa)
· “Estoy bien así” (cuando no lo estás)
· “No es para tanto” (cuando sí lo es)
· “Lo hago por ellos” (cuando también lo haces por ti)
La mentira no es un accidente, es un mecanismo, es una estrategia de supervivencia
Desde pequeños aprendemos algo de forma muy rápida: decir la verdad no siempre es seguro.
Decir lo que sentimos o lo que pensamos puede traer:
· rechazo
· conflicto
· incomodidad
· pérdida de vínculo
Así que el sistema encuentra una solución brillante: adaptar la verdad.
Esta estrategia no es para hacer daño, sino para protegernos.
De hecho, la mentira, en muchos casos, no es maldad, es miedo bien disfrazado.
Cuáles son entonces los cuatro grandes motores de la mentira:
1. Evitar el conflicto
Decimos lo que el otro quiere escuchar para evitar tensión. Pero, lo que evitamos fuera… se acumula dentro.
2. Proteger la imagen
Queremos ser vistos como válidos, buenos, competentes… Así que ocultamos errores, exageramos logros o maquillamos la realidad.
No mentimos solo a los otros, mentimos para sostener la idea de quién creemos que debemos ser.
3. No sentir emociones incómodas
La verdad muchas veces duele y aceptar que algo nos afecta, que estamos tristes o enfadados… implica atravesar esa emoción. La mentira, en cambio, anestesia.
4. Encajar
Quizá el motivo más profundo de todos. Preferimos pertenecer desde una versión adaptada, que arriesgarnos a ser rechazados siendo auténticos.
Es sabido que la mentira es un proceso biológico adaptativo, una estrategia de supervivencia, un disfraz con el que será importante no estar demasiado cómodos porque quizá de tanto llevarlo puesto, puede acabar robándonos la identidad.